domingo, 30 de junio de 2013

Taekwondoin

Fue a principios de marzo de 2011, no recuerdo la fecha exactamente, cuando empecé a entrenar Tae Kwon Do. Fue al mismo tiempo que me uní al  taller de danza de la prepa.

Yo era jefe de grupo del programa de Prepa Si. Un día, el coordinador de actividades  me preguntó si quería tomar clases de Tae Kwon Do, a lo que yo accedí. Él me dio los horarios y la dirección de donde tenía que ir.

El primer día fue difícil, ya que no sabía cómo se hacían las cosas. Poco a poco fui tomando experiencia. En seis meses aprendí patadas, golpes, defensas, posiciones y formas de combate según mi grado. También nos enseñaron lo que significaba cada cinta y como se representaba cada uno de los grados o Kups.
En septiembre de ese año, presenté mi primer examen de Kups para pasar de cinta blanca a cinta amarilla saltando el grado naranja, el cual aprobé con la felicitación del  Sinodal. Por desgracia, tuve que suspender los entrenamientos por un año entero, debido a que tuve que realizar mi servicio social. Esto tuvo por consecuencia que desertara de mi grado, volviendo a empezar desde blanca.

Retomé las clases en octubre de 2012, no me fue tan difícil, ya que no se me había olvidado nada de lo que me habían enseñado. Al mes hice nuevamente el examen para el cinturón amarillo, el cual aprobé sin dificultades. Posteriormente, acudí a algunos intercambios. Estos se realizan entre escuelas asociadas, y en uno hubo premiación: me gané así una medalla.

En marzo del presente año, presenté otro examen, éste sería para el grado de cinta amarilla avanzada, el cual también aprobé. En abril entré a la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Al principio quería formar parte del equipo de Tae Kwon Do la escuela, pero decidí continuar en donde estaba. Al mes, el profesor que me entrenaba, me dijo que necesitaba trabajar más conmigo, ya que quería que en un año llegara al nivel de cinta negra, para que pudiera ingresar a torneos de mucha mayor categoría. También me dijo que me metería a los torneos para representar directamente a la UAM Azcapotzalco.

Desde ese momento los entrenamientos fueron más intensos. Yo empecé a tomar gran interés por el arte marcial. En junio, presenté otro examen  para avanzar de grado. Esta vez sería para obtener el cinturón verde, el cual también acredité. Actualmente sigo entrenando y mi meta es llegar a cinta negra e ingresar a los selectivos nacionales.

domingo, 23 de junio de 2013

Primeros pasos

Era marzo de 2009. Yo cursaba el cuarto semestre  de bachilleres. Me encontraba platicando con algunos amigos sobre la situación por la que pasaba el país. Era medio día, teníamos clase libre, así que, pues decidí ir a saludar a la profesora de apreciación artística, la cual también tenía a cargo el taller de danza folclórica de la escuela.
Ambos entablamos una charla amena. Charlábamos del nivel educativo del país, y entre comentarios, me dijo que no tenía ningún hombre en su taller, que no sabía cómo hacerle para que hombres se le unieran. Yo sin pensarlo le dije “cuente conmigo”. Ella sonrió y me dijo “seguro”, a lo cual yo afirme con la cabeza. Me dio los horarios de los ensayos y me dijo que la siguiente semana comenzábamos.
Llegué puntual al ensayo nervioso,porque no conocía a nadie de las chicas del taller. El primer día estuvo pesado, ya que no sabía nada de danza y los pasos no me salían. La siguiente clase estuvo menos pesada, pero igual de difícil. Había finalizado la primera semana de haber entrado al taller. Ese fin de semana fui a comprar los botines para bailar.
Me costó dos semanas agarrarle el ritmo a la danza, a lo que también empecé a hablarles a las chicas del taller, sin saber que una de esas chicas, iba a ser una gran amiga y confidente. Al mes de haber entrado al taller, la profesora, nos dio la noticia que participaríamos en el encuentro de danza regional, que el Colegio de Bachilleres organizaba. También no dijo que bailaríamos Huasteco Tamaulipeco. Yo estaba emocionado, así que le echamos muchas ganas para que nos saliera bien. Llego el día de la presentación, todos estábamos muy nerviosos e entusiasmados, en especial yo, ya que era mi primera función. El vestuario que portábamos era típico de la huasteca tamaulipeca, muy hermoso que se veía.  
En la función bailamos, la Petenera, el Caballito y el Querreque. Al terminar el público nos aplaudió bastante ya que habíamos sido de los mejores que bailaron.
Posteriormente, en los siguientes semestres nos enseñó bailes de Jalisco, Nayarit, Yucatán, Michoacán, polcas y el Huapango de Moncayo.  Este último fue el que más me gusto como se veía  y como era su porte; muy elegante.

El aprender a bailar danza folclórica, ha sido una experiencia muy bella, ya que en ella descubrí un mundo nuevo y maravilloso, el cual no me gustaría perder. Desafortunadamente el bacho termino.

domingo, 16 de junio de 2013

Adiós amigos.

Fue un día muy triste en mi vida. Aun lo recuerdo con dolor. El día en que me despedí de mis amigos. Fue tan triste el haberme alejado de ellos.
 Tenía 13 años cuando mi padre decidió traerme a la Ciudad de México, para continuar con mis estudios. Vivía en la comunidad de Turcio, Villa Victoria, Estado de México, ahí viví desde los tres años.
Había terminado el primer grado de telesecundaria, el cual no me había agradado mucho, así que le comente a mi papá que no me gustaba mucho esa escuela. Una tarde me dijo que iría con él a la ciudad para seguir con mis estudios. Me dio tanto gusto que no cabía de emoción, podría ir a la ciudad, conocer gente nueva, todo sería muy agradable.
Al día siguiente, me desperté feliz, me destine a realizar mis actividades cotidianas. Me tocaba asear los corrales de las borregas y los caballos, me di cuenta de algo muy importante; no podría ver más a mis amigos, los que siempre me acompañaron y los que estaban para ayudarme. Al darme cuenta de eso me puse nostálgico, ya que no los vería por un largo tiempo Solo al recordar los momentos que habíamos compartido y los momentos que habíamos compartido. Lo mucho que me divertía cuando estaba con ellos. Cuando montaba a caballo, cuando las tormentas nos cogía por sorpresa cuando pastaba a las borregas. No olvidare los actos de valentía de los perros que teníamos, cuando me protegían de los peligros, aunque ellos salieran lastimados. Todos esos grandes momentos y muchos más. Sería difícil olvidar a esos grandes seres, con los que compartí mi infancia.
Llego el día de partir. Me sentía triste, ya que no sabría cuánto tiempo tardaría en volverlos a ver. Me despedí de todos ellos. Sentí que ellos también se pusieron tristes, y que me desearon  lo mejor. Pasado el tiempo me entere que algunos de ellos ya no estaban. Algunos los tuvieron que vender  por problemas que hubo. Otros los llevaron con algunos familiares. Con el paso del tiempo, fui perdiendo la noción de ellos a tal grado que no sé dónde están ahora. Aun veo aún pequeño amigo, un perro que se llama Bimbo, es el único de mis amigos que quedan.

Muchos me dirían que estoy loco, pero todos esos animales fueron y serán mis grandes amigos, de una cosa estoy seguro, no los olvidare.

domingo, 9 de junio de 2013

Aprendiendo a labrar

Era principios de marzo del 2003. Fecha en la que todos los agricultores de la comunidad empiezan a trabajar sus tierras. Primero la barbechan para después surcar y así poder sembrar la tierra.
Tenía solo 10 años. Ese día no hubo clases, así que, mi hermano mayor decidió enseñarme como trabajar la tierra. Nos levantamos a seis de la mañana, antes que nada me enseño como se debía uncir una yunta. Primero se les dio agua y maíz a los caballos, para que tuvieran fuerzas en la pesada jornada. Después teníamos que uncirlos, colocándoles unos collares y palos en dónde con riatas, amarras el arado. Posteriormente, me enseño como se debía agarrar el arado para barbechar. Al principio fue un poco complicado, ya que con mi inexperiencia no sabía cómo agarrar las riendas para controlar a los caballos. Las primeras vueltas las hice mal, pero después le halle la forma de cómo hacerle. Así estuve viernes, sábado y parte del domingo, trabajando con mi hermano. Al terminar de barbechar me enseño a rastrear (pasar una viga de madera sobre la tierra ya removida.).

Pasaron dos semanas después de haber barbechado, había llegado el tiempo de sembrar. Recuerdo que mi hermano me explico cómo usar la máquina para sembrar, me dijo que yo lo iba hacer solo, ya que él, iba a estar surcando y no podía hacer ambos trabajos, solo podía supervisarme. Debo confesar que no es nada fácil, ya que la maquina era muy pesada, pero el caballo que jalaba la maquina sabia ya como debía ir. Los primeros surcos no me salieron muy bien, pero después se me hizo más fácil. Al terminar de sembrar volvimos a rastrear, me acuerdo que teníamos que ir sobre la viga de madera para que quedara bien la tierra y el maíz saliera como debía. Al inicio iba todo bien, cuando de repente perdí el equilibrio y caí, pasando la viga sobre mí. Fue tan chistoso, parecía que no estaba ahí, ya que quede completamente lleno de tierra.


Al mes de haber sembrado, mi hermano me enseño como escardar (es el primer trabajo que se hace después de haber sembrado). Este trabajo se hace para darle forma al surco y el maíz pueda crecer más rápido. Luego a las dos semanas, me enseño a acorrientar; este es el último trabajo que se le da a la tierra. Esto lo hice durante cuatro años antes de venir al Distrito Federal a estudiar. Estas experiencias no las podre olvidar.

domingo, 2 de junio de 2013

Preparando un viaje

Me habían dicho de ese día. Decían mucho de lo que se hacía. Nunca lo había hecho. Deseaba poder hacerlo. Mi hermano mayor, había ido a ese lugar varias veces. Él tenía 13 años, yo solo tenía siete. Me contaba lo grandioso que era. Todos los años, el 15 de agosto, se hace una peregrinación a caballo al santuario de apóstol Santiago Jacobo, en la comunidad de Santiago del Monte, Villa Victoria, Estado de México.
Varias comunidades realizan esta peregrinación: las cuatro secciones de Turcio (Primera, Segunda, Tercera y la Loma), estas en el municipio de Villa Victoria. Las otras comunidades son la de Capulín y Potrero del municipio de Amanalco de Becerra.
Cuando me dijeron que podría ir, me sentí tan feliz que hacía todo lo que me mandaban mis padres. Me dieron instrucciones de lo que tenía que hacer me dijeron, que escogiera el caballo que quería llevar; teníamos tres  caballos. Yo escogí el más grande, el cual mi hermano no le gustaba, pero el cual era mi favorito. El caballo era amarillo (el cual así se llamaba) grande e imponente, pero estaba un poco descuidado, estaba un poco flaco y le faltaba cepillarse. Yo seguí todo al pie de la letra, tal y  como me lo indicaron. Alimentaba al caballo más que a los otros. Todos los días antes de ir a la escuela, le daba avena verde, luego se llevaban a todos los animales a donde pudieran pastar. Todos los días cepillaba a Amarillo para que su pelo se le acomodara.

Un día antes, preparaba las cosas para la mañana siguiente. Esa noche casi no pude dormir de la emoción. Por la mañana nos levantamos a las cinco de la madrugada para alistar los caballos, ya que teníamos que estar  a las siete en la iglesia de la comunidad. Ensille a Amarillo le di maíz y avena para que aguantara. Cuando llegamos a la iglesia, el caballo era de los más grandes y chulos que iban a la peregrinación. El trayecto al santuario fue largo. Es una experiencia muy bella el ver cuanta gente es devota al santo, ya que van más de 500 a 700 personas a caballo, si no es que más. Al salir del templo, el cura de la iglesia nos daba la bendición para regresar con bien, además de una rociada de agua bendita. Al llegar a casa, daba de comer al caballo añorando que llegara el siguiente 15 de agosto.