Era marzo de 2009. Yo cursaba el cuarto semestre de bachilleres. Me encontraba platicando con
algunos amigos sobre la situación por la que pasaba el país. Era medio día, teníamos
clase libre, así que, pues decidí ir a saludar a la profesora de apreciación artística,
la cual también tenía a cargo el taller de danza folclórica de la escuela.
Ambos entablamos una charla amena. Charlábamos del nivel
educativo del país, y entre comentarios, me dijo que no tenía ningún hombre en
su taller, que no sabía cómo hacerle para que hombres se le unieran. Yo sin
pensarlo le dije “cuente conmigo”. Ella sonrió y me dijo “seguro”, a lo cual yo
afirme con la cabeza. Me dio los horarios de los ensayos y me
dijo que la siguiente semana comenzábamos.
Llegué puntual al ensayo nervioso,porque no
conocía a nadie de las chicas del taller. El primer día estuvo pesado, ya que
no sabía nada de danza y los pasos no me salían. La siguiente clase estuvo menos
pesada, pero igual de difícil. Había finalizado la primera semana de haber
entrado al taller. Ese fin de semana fui a comprar los botines para bailar.
Me costó dos semanas agarrarle el ritmo a la danza, a lo que
también empecé a hablarles a las chicas del taller, sin saber que una de esas
chicas, iba a ser una gran amiga y confidente. Al mes de haber entrado al
taller, la profesora, nos dio la noticia que participaríamos en el encuentro de
danza regional, que el Colegio de Bachilleres organizaba. También no dijo que bailaríamos
Huasteco Tamaulipeco. Yo estaba emocionado, así que le echamos muchas ganas
para que nos saliera bien. Llego el día de la presentación, todos estábamos muy
nerviosos e entusiasmados, en especial yo, ya que era mi primera función. El vestuario
que portábamos era típico de la huasteca tamaulipeca, muy hermoso que se veía.
En la función bailamos, la Petenera, el Caballito y el
Querreque. Al terminar el público nos aplaudió bastante ya que habíamos sido de
los mejores que bailaron.
Posteriormente, en los siguientes semestres nos enseñó
bailes de Jalisco, Nayarit, Yucatán, Michoacán, polcas y el Huapango de
Moncayo. Este último fue el que más me
gusto como se veía y como era su porte; muy elegante.
El aprender a bailar danza folclórica, ha sido una
experiencia muy bella, ya que en ella descubrí un mundo nuevo y maravilloso, el
cual no me gustaría perder. Desafortunadamente el bacho termino.
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