domingo, 23 de junio de 2013

Primeros pasos

Era marzo de 2009. Yo cursaba el cuarto semestre  de bachilleres. Me encontraba platicando con algunos amigos sobre la situación por la que pasaba el país. Era medio día, teníamos clase libre, así que, pues decidí ir a saludar a la profesora de apreciación artística, la cual también tenía a cargo el taller de danza folclórica de la escuela.
Ambos entablamos una charla amena. Charlábamos del nivel educativo del país, y entre comentarios, me dijo que no tenía ningún hombre en su taller, que no sabía cómo hacerle para que hombres se le unieran. Yo sin pensarlo le dije “cuente conmigo”. Ella sonrió y me dijo “seguro”, a lo cual yo afirme con la cabeza. Me dio los horarios de los ensayos y me dijo que la siguiente semana comenzábamos.
Llegué puntual al ensayo nervioso,porque no conocía a nadie de las chicas del taller. El primer día estuvo pesado, ya que no sabía nada de danza y los pasos no me salían. La siguiente clase estuvo menos pesada, pero igual de difícil. Había finalizado la primera semana de haber entrado al taller. Ese fin de semana fui a comprar los botines para bailar.
Me costó dos semanas agarrarle el ritmo a la danza, a lo que también empecé a hablarles a las chicas del taller, sin saber que una de esas chicas, iba a ser una gran amiga y confidente. Al mes de haber entrado al taller, la profesora, nos dio la noticia que participaríamos en el encuentro de danza regional, que el Colegio de Bachilleres organizaba. También no dijo que bailaríamos Huasteco Tamaulipeco. Yo estaba emocionado, así que le echamos muchas ganas para que nos saliera bien. Llego el día de la presentación, todos estábamos muy nerviosos e entusiasmados, en especial yo, ya que era mi primera función. El vestuario que portábamos era típico de la huasteca tamaulipeca, muy hermoso que se veía.  
En la función bailamos, la Petenera, el Caballito y el Querreque. Al terminar el público nos aplaudió bastante ya que habíamos sido de los mejores que bailaron.
Posteriormente, en los siguientes semestres nos enseñó bailes de Jalisco, Nayarit, Yucatán, Michoacán, polcas y el Huapango de Moncayo.  Este último fue el que más me gusto como se veía  y como era su porte; muy elegante.

El aprender a bailar danza folclórica, ha sido una experiencia muy bella, ya que en ella descubrí un mundo nuevo y maravilloso, el cual no me gustaría perder. Desafortunadamente el bacho termino.

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