Fue 31 de marzo. Me desperté muy temprano, para hacer algunas actividades. Era domingo, ese día se publicarían los resultados del examen de admisión de la UAM, yo había hecho examen para entrar a esa universidad.
Cuando ingrese a la pagina para ver los resultados del examen, me sorprendió el ver que había sido seleccionado para ingresar a esta escuela a la carrera de Derecho. Estaba muy feliz, ya que había esperado mas de 10 meses para entrar a la universidad.
Ese día también fue especial, ya que saldría con una chica que me agradaba mucho. A ella la conocí unos meses antes cerca de donde trabajaba. Habíamos planeado salir desde hace tiempo. La vería en el metro Cuatro Caminos al medio día.
Fuimos a ver una película al cine y de ahí iríamos cerca de donde vive, el pueblo de Santa Clara, en el municipio de Huixquilucan, Estado de México, a conocer un lugar muy especial para ella. Cuando llegamos a ese lugar, me fascino el paisaje, la vista y mas que nada el lugar, ya que me llevo a conocer una iglesia muy bonita.
Estando ahí paso algo muy agradable, ambos nos besamos y surgió en mi un sentimiento que no podía explicar, me había enamorado de esa chica.
Aquel día fue lluvioso, pero eso no nos importo para estar juntos. Por la tarde tomamos el autobús de regreso al Distrito Federal, ella me felicito y me dio un abrazo, por haberme quedado el la universidad me dijo que esta muy feliz por mi que le echara ganas a la escuela.
Poco después que abordamos el autobús, ella se bajo, ya que vivía cerca. Nos despedimos y continué con mi trayecto regreso a casa.
Ese día no lo olvidare ya que conocí a alguien muy especial para mi.
Este blog forma parte del proyecto narrativo "Los seis momentos clave de mi vida bajo la dirección del maestro Sandro Cohen dentro de la materia de Redacción Universitaria, del departamento de Humanidades, División Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco
miércoles, 28 de agosto de 2013
domingo, 30 de junio de 2013
Taekwondoin
Fue a principios de marzo de 2011, no recuerdo la fecha
exactamente, cuando empecé a entrenar Tae Kwon Do. Fue al mismo tiempo que me uní
al taller de danza de la prepa.
Yo era jefe de grupo del programa de Prepa Si. Un día, el coordinador
de actividades me preguntó si quería tomar
clases de Tae Kwon Do, a lo que yo accedí. Él me dio los horarios y la dirección
de donde tenía que ir.
El primer día fue difícil, ya que no sabía cómo se hacían las
cosas. Poco a poco fui tomando experiencia. En seis meses aprendí patadas,
golpes, defensas, posiciones y formas de combate según mi grado. También nos
enseñaron lo que significaba cada cinta y como se representaba cada uno de los
grados o Kups.
En septiembre de ese año, presenté mi primer examen de Kups para
pasar de cinta blanca a cinta amarilla saltando el grado naranja, el cual aprobé
con la felicitación del Sinodal. Por desgracia,
tuve que suspender los entrenamientos por un año entero, debido a que tuve que
realizar mi servicio social. Esto tuvo por consecuencia que desertara de mi
grado, volviendo a empezar desde blanca.
Retomé las clases en octubre de 2012, no me fue tan difícil,
ya que no se me había olvidado nada de lo que me habían enseñado. Al mes hice
nuevamente el examen para el cinturón amarillo, el cual aprobé sin
dificultades. Posteriormente, acudí a algunos intercambios. Estos se realizan entre
escuelas asociadas, y en uno hubo premiación: me gané así una
medalla.
En marzo del presente año, presenté otro examen, éste sería
para el grado de cinta amarilla avanzada, el cual también aprobé. En abril
entré a la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Al principio quería formar
parte del equipo de Tae Kwon Do la escuela, pero decidí continuar en donde
estaba. Al mes, el profesor que me entrenaba, me dijo que necesitaba trabajar más
conmigo, ya que quería que en un año llegara al nivel de cinta negra, para
que pudiera ingresar a torneos de mucha mayor categoría. También me dijo que me
metería a los torneos para representar directamente a la UAM Azcapotzalco.
Desde ese momento los entrenamientos fueron más
intensos. Yo empecé a tomar gran interés por el arte marcial. En junio,
presenté otro examen para avanzar de
grado. Esta vez sería para obtener el cinturón verde, el cual también acredité. Actualmente
sigo entrenando y mi meta es llegar a cinta negra e ingresar a los selectivos
nacionales.
domingo, 23 de junio de 2013
Primeros pasos
Era marzo de 2009. Yo cursaba el cuarto semestre de bachilleres. Me encontraba platicando con
algunos amigos sobre la situación por la que pasaba el país. Era medio día, teníamos
clase libre, así que, pues decidí ir a saludar a la profesora de apreciación artística,
la cual también tenía a cargo el taller de danza folclórica de la escuela.
Ambos entablamos una charla amena. Charlábamos del nivel
educativo del país, y entre comentarios, me dijo que no tenía ningún hombre en
su taller, que no sabía cómo hacerle para que hombres se le unieran. Yo sin
pensarlo le dije “cuente conmigo”. Ella sonrió y me dijo “seguro”, a lo cual yo
afirme con la cabeza. Me dio los horarios de los ensayos y me
dijo que la siguiente semana comenzábamos.
Llegué puntual al ensayo nervioso,porque no
conocía a nadie de las chicas del taller. El primer día estuvo pesado, ya que
no sabía nada de danza y los pasos no me salían. La siguiente clase estuvo menos
pesada, pero igual de difícil. Había finalizado la primera semana de haber
entrado al taller. Ese fin de semana fui a comprar los botines para bailar.
Me costó dos semanas agarrarle el ritmo a la danza, a lo que
también empecé a hablarles a las chicas del taller, sin saber que una de esas
chicas, iba a ser una gran amiga y confidente. Al mes de haber entrado al
taller, la profesora, nos dio la noticia que participaríamos en el encuentro de
danza regional, que el Colegio de Bachilleres organizaba. También no dijo que bailaríamos
Huasteco Tamaulipeco. Yo estaba emocionado, así que le echamos muchas ganas
para que nos saliera bien. Llego el día de la presentación, todos estábamos muy
nerviosos e entusiasmados, en especial yo, ya que era mi primera función. El vestuario
que portábamos era típico de la huasteca tamaulipeca, muy hermoso que se veía.
En la función bailamos, la Petenera, el Caballito y el
Querreque. Al terminar el público nos aplaudió bastante ya que habíamos sido de
los mejores que bailaron.
Posteriormente, en los siguientes semestres nos enseñó
bailes de Jalisco, Nayarit, Yucatán, Michoacán, polcas y el Huapango de
Moncayo. Este último fue el que más me
gusto como se veía y como era su porte; muy elegante.
El aprender a bailar danza folclórica, ha sido una
experiencia muy bella, ya que en ella descubrí un mundo nuevo y maravilloso, el
cual no me gustaría perder. Desafortunadamente el bacho termino.
domingo, 16 de junio de 2013
Adiós amigos.
Fue un día muy triste en mi vida.
Aun lo recuerdo con dolor. El día en que me despedí de mis amigos. Fue tan
triste el haberme alejado de ellos.
Tenía 13 años cuando mi padre decidió traerme
a la Ciudad de México, para continuar con mis estudios. Vivía en la comunidad
de Turcio, Villa Victoria, Estado de México, ahí viví desde los tres años.
Había terminado el primer grado de
telesecundaria, el cual no me había agradado mucho, así que le comente a mi
papá que no me gustaba mucho esa escuela. Una tarde me dijo que iría con él a
la ciudad para seguir con mis estudios. Me dio tanto gusto que no cabía de
emoción, podría ir a la ciudad, conocer gente nueva, todo sería muy agradable.
Al día siguiente, me desperté feliz,
me destine a realizar mis actividades cotidianas. Me tocaba asear los corrales
de las borregas y los caballos, me di cuenta de algo muy importante; no podría
ver más a mis amigos, los que siempre me acompañaron y los que estaban para
ayudarme. Al darme cuenta de eso me puse nostálgico, ya que no los vería por un
largo tiempo Solo al recordar los momentos que habíamos compartido y los
momentos que habíamos compartido. Lo mucho que me divertía cuando estaba con
ellos. Cuando montaba a caballo, cuando las tormentas nos cogía por sorpresa
cuando pastaba a las borregas. No olvidare los actos de valentía de los perros
que teníamos, cuando me protegían de los peligros, aunque ellos salieran
lastimados. Todos esos grandes momentos y muchos más. Sería difícil olvidar a
esos grandes seres, con los que compartí mi infancia.
Llego el día de partir. Me sentía
triste, ya que no sabría cuánto tiempo tardaría en volverlos a ver. Me despedí
de todos ellos. Sentí que ellos también se pusieron tristes, y que me
desearon lo mejor. Pasado el tiempo me entere que algunos de ellos ya no
estaban. Algunos los tuvieron que vender por problemas que hubo. Otros
los llevaron con algunos familiares. Con el paso del tiempo, fui perdiendo la
noción de ellos a tal grado que no sé dónde están ahora. Aun veo aún pequeño
amigo, un perro que se llama Bimbo, es el único de mis amigos que
quedan.
domingo, 9 de junio de 2013
Aprendiendo a labrar
Era principios de marzo del 2003. Fecha
en la que todos los agricultores de la comunidad empiezan a trabajar sus
tierras. Primero la barbechan para después surcar y así poder sembrar la tierra.
Tenía solo 10 años. Ese día no hubo
clases, así que, mi hermano mayor decidió enseñarme como trabajar la tierra.
Nos levantamos a seis de la mañana, antes que nada me enseño como se debía
uncir una yunta. Primero se les dio agua y maíz a los caballos, para que tuvieran
fuerzas en la pesada jornada. Después teníamos que uncirlos, colocándoles unos
collares y palos en dónde con riatas, amarras el arado. Posteriormente, me
enseño como se debía agarrar el arado para barbechar. Al principio fue un poco
complicado, ya que con mi inexperiencia no sabía cómo agarrar las riendas para
controlar a los caballos. Las primeras vueltas las hice mal, pero después le
halle la forma de cómo hacerle. Así estuve viernes, sábado y parte del domingo,
trabajando con mi hermano. Al terminar de barbechar me enseño a rastrear (pasar
una viga de madera sobre la tierra ya removida.).
Pasaron dos semanas después de haber
barbechado, había llegado el tiempo de sembrar. Recuerdo que mi hermano me
explico cómo usar la máquina para sembrar, me dijo que yo lo iba hacer solo, ya
que él, iba a estar surcando y no podía hacer ambos trabajos, solo podía
supervisarme. Debo confesar que no es nada fácil, ya que la maquina era muy pesada,
pero el caballo que jalaba la maquina sabia ya como debía ir. Los primeros
surcos no me salieron muy bien, pero después se me hizo más fácil. Al terminar
de sembrar volvimos a rastrear, me acuerdo que teníamos que ir sobre la viga de
madera para que quedara bien la tierra y el maíz saliera como debía. Al inicio
iba todo bien, cuando de repente perdí el equilibrio y caí, pasando la viga sobre
mí. Fue tan chistoso, parecía que no estaba ahí, ya que quede completamente
lleno de tierra.
Al mes de haber sembrado, mi hermano
me enseño como escardar (es el primer trabajo que se hace después de haber
sembrado). Este trabajo se hace para darle forma al surco y el maíz pueda
crecer más rápido. Luego a las dos semanas, me enseño a acorrientar; este es el
último trabajo que se le da a la tierra. Esto lo hice durante cuatro años antes
de venir al Distrito Federal a estudiar. Estas experiencias no las podre
olvidar.
domingo, 2 de junio de 2013
Preparando un viaje
Me habían dicho de ese día. Decían mucho de lo
que se hacía. Nunca lo había hecho. Deseaba poder hacerlo. Mi hermano
mayor, había ido a ese lugar varias veces. Él tenía 13 años, yo solo tenía
siete. Me contaba lo grandioso que era. Todos los años, el 15 de agosto, se
hace una peregrinación a caballo al santuario de apóstol Santiago Jacobo, en la comunidad de Santiago del Monte, Villa Victoria, Estado de México.
Varias comunidades realizan esta peregrinación: las
cuatro secciones de Turcio (Primera, Segunda, Tercera y la Loma), estas en el
municipio de Villa Victoria. Las otras comunidades son la de Capulín y Potrero del
municipio de Amanalco de Becerra.
Cuando me dijeron que podría ir, me sentí tan
feliz que hacía todo lo que me mandaban mis padres. Me dieron instrucciones de
lo que tenía que hacer me dijeron, que escogiera el caballo que quería llevar;
teníamos tres caballos. Yo escogí el más grande, el cual mi hermano no le
gustaba, pero el cual era mi favorito. El caballo era amarillo (el cual así se llamaba) grande e
imponente, pero estaba un poco descuidado, estaba un poco flaco y le faltaba
cepillarse. Yo seguí todo al pie de la letra, tal y como me lo indicaron. Alimentaba
al caballo más que a los otros. Todos los días antes de ir a la escuela, le
daba avena verde, luego se llevaban a todos los animales a donde pudieran
pastar. Todos los días cepillaba a Amarillo para que su pelo se le acomodara.
Un día antes, preparaba las cosas para la mañana
siguiente. Esa noche casi no pude dormir de la emoción. Por la mañana nos
levantamos a las cinco de la madrugada para alistar los caballos, ya que
teníamos que estar a las siete en la iglesia de la comunidad. Ensille a
Amarillo le di maíz y avena para que aguantara. Cuando llegamos a la iglesia,
el caballo era de los más grandes y chulos que iban a la peregrinación. El
trayecto al santuario fue largo. Es una experiencia muy bella el ver cuanta
gente es devota al santo, ya que van más de 500 a 700 personas a caballo, si no
es que más. Al salir del templo, el cura de la iglesia nos daba la bendición
para regresar con bien, además de una rociada de agua bendita. Al llegar a
casa, daba de comer al caballo añorando que llegara el siguiente 15 de agosto.
domingo, 26 de mayo de 2013
Un accidente inesperado.
Era un día estupendo. Lo recuerdo como si hubiese
sido ayer. Tenía seis años cuando fui a visitar a mis abuelos en la provincia
donde vivíamos. La comunidad se llama Turcio esta localiza en el
municipio de Villa Victoria, Estado de México.
Ese día
fui con una tía a caballo a ver a mis abuelos; cuando llegamos me dieron de
comer. Posteriormente se destinaron a realizar sus actividades normales.
Yo les ayude con las vacas, caballos, borregas y algunos puercos, a darles de
comer y agua. Después se pusieron a desgranar maíz.
Por la tarde comimos con tortillas recién hechas
a mano, que mi abuela hizo. Luego continuaron con lo que estaban haciendo. Yo
me puse a jugar con los perros; sin imaginar lo que me iba pasar. Uno de
los perros me ataco sin razón, provocándome una herida muy seria. El animal
comenzó a morderme la parte izquierda del bícep. Provoco una herida
grande y profunda, causando un sangrado considerable. Solo recuerdo cuando me
subieron al caballo y me llevaron con el doctor que vivía en la comunidad, ya
que el hospital se localiza a dos horas de ahí, en Toluca capital del estado.
También recuerdo que no quería que mis padres se enteraran, ya que no
sabría cómo lo tomarían. Era imposible que no se enteraran, ya que para
ir hacia donde vivía el doctor teníamos que pasar por mi casa. Cuando llegamos
con el doctor, el me atendió de inmediato. Él era el papá de Paco mi mejor amigo de la
infancia. Aun me acuerdo que él estuvo conmigo todo el tiempo; recuerdo las
palabras del doctor que decía "¡Tranquilo todo estará bien, no te asustes!".
Me puso 6 puntadas para cocer la herida. Al final del día cuando salimos
de la casa del doctor Gelasio; recuerdo que dos de mis tíos estaban ahí conmigo
sonriéndome. Ese día no lo olvidare. Cuando me llevaron a hacer estudios, los
doctores dijeron que había tenido suerte, porque el
colmillo había pasado rosando la arteria principal del corazón. Este
accidente, causo que no pueda utilizar mi brazo izquierdo. Posteriormente,
cuando regrese a casa de mis abuelos días después de ese altercado, no volví a
ver a ese perro. Hoy en día aun me siguen contando que les costó mucho trabajo
quitarme al perro de encima, que fue una suerte que me lo pudieran quitar.
Aún tengo la cicatriz que me hace recordar ese día.
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