domingo, 2 de junio de 2013

Preparando un viaje

Me habían dicho de ese día. Decían mucho de lo que se hacía. Nunca lo había hecho. Deseaba poder hacerlo. Mi hermano mayor, había ido a ese lugar varias veces. Él tenía 13 años, yo solo tenía siete. Me contaba lo grandioso que era. Todos los años, el 15 de agosto, se hace una peregrinación a caballo al santuario de apóstol Santiago Jacobo, en la comunidad de Santiago del Monte, Villa Victoria, Estado de México.
Varias comunidades realizan esta peregrinación: las cuatro secciones de Turcio (Primera, Segunda, Tercera y la Loma), estas en el municipio de Villa Victoria. Las otras comunidades son la de Capulín y Potrero del municipio de Amanalco de Becerra.
Cuando me dijeron que podría ir, me sentí tan feliz que hacía todo lo que me mandaban mis padres. Me dieron instrucciones de lo que tenía que hacer me dijeron, que escogiera el caballo que quería llevar; teníamos tres  caballos. Yo escogí el más grande, el cual mi hermano no le gustaba, pero el cual era mi favorito. El caballo era amarillo (el cual así se llamaba) grande e imponente, pero estaba un poco descuidado, estaba un poco flaco y le faltaba cepillarse. Yo seguí todo al pie de la letra, tal y  como me lo indicaron. Alimentaba al caballo más que a los otros. Todos los días antes de ir a la escuela, le daba avena verde, luego se llevaban a todos los animales a donde pudieran pastar. Todos los días cepillaba a Amarillo para que su pelo se le acomodara.

Un día antes, preparaba las cosas para la mañana siguiente. Esa noche casi no pude dormir de la emoción. Por la mañana nos levantamos a las cinco de la madrugada para alistar los caballos, ya que teníamos que estar  a las siete en la iglesia de la comunidad. Ensille a Amarillo le di maíz y avena para que aguantara. Cuando llegamos a la iglesia, el caballo era de los más grandes y chulos que iban a la peregrinación. El trayecto al santuario fue largo. Es una experiencia muy bella el ver cuanta gente es devota al santo, ya que van más de 500 a 700 personas a caballo, si no es que más. Al salir del templo, el cura de la iglesia nos daba la bendición para regresar con bien, además de una rociada de agua bendita. Al llegar a casa, daba de comer al caballo añorando que llegara el siguiente 15 de agosto.

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