domingo, 16 de junio de 2013

Adiós amigos.

Fue un día muy triste en mi vida. Aun lo recuerdo con dolor. El día en que me despedí de mis amigos. Fue tan triste el haberme alejado de ellos.
 Tenía 13 años cuando mi padre decidió traerme a la Ciudad de México, para continuar con mis estudios. Vivía en la comunidad de Turcio, Villa Victoria, Estado de México, ahí viví desde los tres años.
Había terminado el primer grado de telesecundaria, el cual no me había agradado mucho, así que le comente a mi papá que no me gustaba mucho esa escuela. Una tarde me dijo que iría con él a la ciudad para seguir con mis estudios. Me dio tanto gusto que no cabía de emoción, podría ir a la ciudad, conocer gente nueva, todo sería muy agradable.
Al día siguiente, me desperté feliz, me destine a realizar mis actividades cotidianas. Me tocaba asear los corrales de las borregas y los caballos, me di cuenta de algo muy importante; no podría ver más a mis amigos, los que siempre me acompañaron y los que estaban para ayudarme. Al darme cuenta de eso me puse nostálgico, ya que no los vería por un largo tiempo Solo al recordar los momentos que habíamos compartido y los momentos que habíamos compartido. Lo mucho que me divertía cuando estaba con ellos. Cuando montaba a caballo, cuando las tormentas nos cogía por sorpresa cuando pastaba a las borregas. No olvidare los actos de valentía de los perros que teníamos, cuando me protegían de los peligros, aunque ellos salieran lastimados. Todos esos grandes momentos y muchos más. Sería difícil olvidar a esos grandes seres, con los que compartí mi infancia.
Llego el día de partir. Me sentía triste, ya que no sabría cuánto tiempo tardaría en volverlos a ver. Me despedí de todos ellos. Sentí que ellos también se pusieron tristes, y que me desearon  lo mejor. Pasado el tiempo me entere que algunos de ellos ya no estaban. Algunos los tuvieron que vender  por problemas que hubo. Otros los llevaron con algunos familiares. Con el paso del tiempo, fui perdiendo la noción de ellos a tal grado que no sé dónde están ahora. Aun veo aún pequeño amigo, un perro que se llama Bimbo, es el único de mis amigos que quedan.

Muchos me dirían que estoy loco, pero todos esos animales fueron y serán mis grandes amigos, de una cosa estoy seguro, no los olvidare.

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